Prefacio o presentación

Voy a ponerte al corriente de mis operaciones más intimas, más secretas.

Quisiera mostrarte mi más oscuro abismo,  profanar el templo de mi sacramento, extirparme el corazón y subírtelo a la superficie.

Decirte, por ejemplo, que me masturbo con la urgencia de la fricción. Para mí es urgente pulido, froto mi cuerpo cada vez que puedo y la energía me lo permite. Porque quiero quitar de mí lo muerto, lo ajeno, hasta hacer tan delgada mi piel, que pueda sentir en el arco de su curvatura el mundo que me rodea.

Decirte, que  a veces me comporto como rebelde porque siento oposición al mundo. Que guardo en mis adentros una mirada predadora. Un aullido intenso de queja y victoria. Que me muestra y me esconde. Que me lastima y me sana. Que se ha vuelto mi propósito. Pero que también se escabulle de mí.

Tengo hoy la NECESIDAD y ella rodea mi carne vibrante, puedo palpar el líquido denso de mi caudal, y sumergirme en él.

¡Qué delicia enumerar los sitios de mi cuajo denso obscuro, qué delicia volverse para dentro, fagocitarse a destajo hasta hartarse de sí!

Todo el tiempo del mundo en la holgazanería de lamerse el ombligo hasta hacerlo ojo chiquitito. Y ver el mundo con un ojo en la garganta

*

Trataré este medio como sesiones de mi duelo.

Los usaré a todos contra mí. En cada texto iré diciendo lo que sea que salga de mí, lo que esté en mí, y eso me permitirá abrazarme en mi totalidad, aceptarme al fin, salir de la prisión de mi misma, incluso cuando parezca que no estoy ahí.  Porque la pérdida más severa que quiero enfrentar es la experiencia de haberme perdido.

En mi vida nunca he sido libre. Por dentro siempre me he perseguido. Me he vuelto intolerable para mí misma. Vivo una dualidad desgarradora. Tengo una libertad aparente: estoy presa dentro de mí. Yo quería una libertad olímpica. Pero esa libertad sólo se les concede a los seres inmateriales. Mientras lo tenga, mi cuerpo me someterá a sus exigencias. Veo la libertad como una forma de belleza y esa belleza me falta.

Ah! Si pudiera traspasarte el alivio que es ver estas palabras escritas! mi voz se meten en ellas y ellas se punzan por debajo de la piel.

Cómo disfruto leer como si rezar y cómo me aterra escribir. Pero debo aferrarme a mi necesidad. Me someto a mi necesidad de decirlo todo. Escribir es una obligación vital. Debajo de la mano, las letras aparecen como piezas vivas, fluorescentes que conocen de mí y de mi misterio más que yo misma. Soy una extranjera ante mis ojos, pordiosera y débil. A cado paso de mi existencia, el mundo me vulnera. Animal lastimoso. Yo Estoy condenada a encontrar lo que busco. Y lo que busco es la radicalidad que habita mi carne y mi pensamiento, la radicalidad que habito y eludo; la parte más-oscura-densa-noche, sin la cual estoy vacía. En la cavidad de mi tórax, o mi pelvis yace el miedo a lo que busco. El miedo a lo que resultará de mí, cuando acabe conmigo.

El miedo a mi escritura. El miedo a mi existencia. El miedo a que el mismo se transforme en la aprehensión de sí, o peor aún, en su desborde.

Pero sólo cuando esto ocurra, habré encontrado la voz inédita que posee y aviva mi ser, que se escurre por mi superficie y se sumerge conmigo adentro. Cuando esto ocurra habré justificado ante mí, mi existencia.

Lo Imagino, lo imagino con la voracidad del hambre, y si digo imaginación es porque escondo en ella la mezcla de deseo y pensamiento que amalgama, todo cuanto me toca, y todo cuanto es tocado, por lo que es uno y también otro.

  1. me encantó tu relato, es hermoso y profundo

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