Dos despertares

– Mamá, mamita, ¿qué te duele, estás enferma?

La voz parecía venir de lejos, abriéndose paso hacia su cerebro atontado. Abrió los ojos y ahí estaba, de pie junto a su cama, los ojos casi a la altura de los suyos… A su lado, él… callado, contuvo la respiración.

– No, no mi amor… estaba soñando, vuelve a dormir.

Sí, es cierto. Debiera cerrar la puerta, pero es que no le gusta el encierro…

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  1. Jajajaja…genial…este es más ocurrente y verdadero que muchos!!! grande Ema…

  2. efectivamente, este esta mejor…wena!

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