Crecí en un colegio católico…

Crecí en un colegio católico. Todos los jueves teníamos misa y cantaba las canciones de dios con alevosía. Me acostaba rezando un padre nuestro, un ave maría y un ángel de mi guardia. Y creía que si robaba, que si tenía sexo antes del matrimonio o si me masturbaba, me iba a ir al infierno, porque era pecado. Le creía a mi profesora de orientación (Angelina se llamaba), cuando decía que la virginidad era un regalo de dios; ¿Cómo se sentirían ustedes si les dan un regalo abierto? Nos preguntaba.

Yo creía en todo, creía que si dejaba de confiar y rezarle a diosito, me iba a castigar.

Si hasta creía que Cristo se me podía aparecer derrepente y preguntarme cosas… ¿Por qué no? Incluso, hacía mandas para los exámenes, para que mi mamá no tuviera cáncer… De rodillas por Lourdes… Me lo creía todo. Pensaba que el papa era un santo y cuando lo vi pasar, me emocioné de verdad!

Escuchaba a mis amigos cuando estaban tristes, les consolaba, les daba una palabra de aliento.

Les creía a los profesores, a mi familia, al presiente. Me decían que tenía que estudiar arto, para ser profesional y alguien en la vida, para tener éxito.

Y entre a la universidad… Me felicitaban, buena carrera, me decían.

Lo bien que la chupaba la Ángela.

Lo rico que la metía Jorge.

Lo genial que era pegarse un trip con la Dafne.

Lo bacán que era salir de cuarto medio.

Lo placentero que era hacer el amor de a tres, y si aguantaba que me la metieran, mientras yo la metía.

Que se van a ir afuera, porque es bacán, yo también creía que había que irse para afuera.

Que sus vacaciones eran mejores que las mías.

Lo feliz que están con el jeep nuevo. El “depa” nuevo.

Que el mino de oro, que se van a casar.

Cuando me decían lee tal libro, ve tal película,  escucha tal disco. Les creía y lo hice.

Ahora los escucho a todos, y solo oigo mentiras.

Solo escucho, quedé buena para escuchar, si no te crees algo no llegas a ninguna parte.

Y que la educación, que el país! Si hasta a mi alcalde le creí.

A la niña que me dijo que le gustaba.

A los libros, las canciones que me hablaban de amor y paz.

Que había que convertirse en gótico, que esa era la moda, y lo hice. Hasta un piercing me puse, y me teñí el pelo.

Le creí a la tele, a los animadores, a los comerciantes (a esos sí que les creía)

Estoy esperando hace rato que alguien me cuente algo para creerlo.

-“Oye, créeme, si te quiero de verdad”

-¿En serio? Y me la creí.

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