Te redujeron

En el lugar vacío nos cruzamos otra vez,
en las coartadas. No recuerdo, en qué momento, ese lugar vacío de los hombros
se desprenden mis dientes esparcidos, incrustados
sobre el lugar vacío, plano de sus hombros.

Se hizo tarde que no escuché sus gritos, de esos
que piden que te detengas,
ni un grito sólo un gemido que retornó
a través del esmog denso gris de las calles de Recoleta,
entre cantos en las calles y mordidas desorganizadas.

Banquetes de mordidas, grupos de devoradores
Con-su-mi-do-res ESTRIDENTES
de huesos tejidos, blandos y viscosos
Tuyos –

Hambrientos de garras, contaminadas
(muy poco higiénicas)
Así rasgaron
Metros de piel, desplegada aún
Se deja oler.

Mordidas organizadas, afiladas, nos convertían repulsivas, y no nos podían tragar.

Escupen todavía esas callen donde te redujeron al encierro, al fin.

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