“Suena un ritmo ahogado…”

Suena un ritmo ahogado, una voz sumisa, un susurro diciendo “mami”. Se siente la saliva corriendo viscosa y caliente sobre la piel y su olor, su aroma narcótico llenando el espacio, lamiendo, sintiendo su abertura rendida y sin miedo. Cuelga la culpa, guarda la pena en un saco.

Sus palmas se juntan haciéndose del abismo que las separa. Respiran compulsivamente  mientras sienten los embates fusionando el agua rodando, pulsando los pelos, el culo, la zorra y el pico.

La piel es real. Es placentera. La carne es caliente y fluida, una masa pulposa que navega por las venas y hace latir la abertura animal y la voz se vuelve porno y la chocha ya no es estéril. Es lívida, suda y arde palpitante.

Un grito. Un gemido. Orgasmo, clímax, lluvia artificial.

Lesbitamos.

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