“Mientras voy cerrando los ojos…”

Mientras voy cerrando los ojos camino al trabajo,

el eco de mi voz me dice:

 

…HEME AQUÍ:

ESCLAVA,

QUE SE HAGA EN MÍ!

 

Mientras el motor de la micro tiembla, yo voy queriendo que su verbo se haga carne, que sea carne de mi carne.

 

Me convenzo: así lo quiero, pues en mí habitan todos los mundos posibles; todos los roces futuros; mis propios roces. Así como cuando sujeto con fuerza la gravedad de mi cartera; y con querer, rozo el pezón jirado por el placer del otro, el placer solitario, la recursividad del recuerdo de ambos.

 

Cada día, en el zumbido de mis tareas cotidianas, me voy olvidando de la cotidianeidad, me voy entregando con voracidad-ferocidad-ahínco a un tecleo inexacto. Como si fuera lápiz y papel.

Mientras escribo formularios y órdenes de compra, leo de soslayo la historia de Lui: mujer de nieve, que ha elegido una vida entusiasta abocada a la tarea obtusa de limpiar hasta la albura los kimonos de hombres anónimos,  de patriarcas amorosos y siniestros,  con la devoción que sólo puede existir los días de primavera: Cuando la luz se amplifica y los sentidos se saturan de la actualidad de la mirada. Del oído. Del olfato; restringiendo la contingencia a la Necesidad de la Devoción.

 

 

La devoción

 

que es espejo de mi propia devoción

y que continúa creciendo en los movimientos

como si fuera disciplina del alma, de los músculos, de los nervios,

evitándome incluso el  dolor físico

de la parálisis.

 

Así mismo es cómo  he buscado tu caricia, que sé que es idéntica a la mía, a la que espero de mí.

 

Así mismo,  es cómo me imagino como un listón

y sé que no es necesario que me toques para que me toques;

que a cada paso la vida es un gemido de sensualidad si lo quiero,

de maldad sin culpa, de asesinato sin crimen, de naturaleza malvada por el puro hecho de existir, por el puro hecho de mirarte de reojo o de frente cuando cruzo la habitación en la que está tu oficina…

 

…Con la misma lentitud que cruzo el cuarto, imagino que pongo mis manos en tu cadera, que es la cadera más perfecta; y busco cerca de tu cara un aroma tan violento como la violencia de tu boca; e imagino que te estrecho contra la pared, en contra de ella, para sentirte el dolor de la espalda y quitártelo de encima con la caricia de mi lengua.

Yo no puedo sino pensarte en mi placer, mi placer que no te necesita. Que me habita incluso cuando me aproximo hasta los baños públicos para ver en el espejo a las otras mujeres;  o cuando leo en silencio en la sala de lectura y adivino como el deseo de los otros se posa en mí.

 

Pero eso a mí no me importa,

porque no hay nada más placentero que el propio silencio,

la propia quietud, la inamovilidad del cuerpo, como exquisito cadáver,

como los ojos en banco.

No hay necesidad de sentirse el pezón debajo de la blusa, o rozarse con insistencia la punta de la vagina:

 

…El placer es este silencioso vaivén del útero meciéndose incluso cuando estoy quieta, sentada en la oficina, sentada en el metro, esperando la micro, estacionando el auto;

el vaivén que no es ni vaivén sino quieto placer irradiado por todo el cuerpo, como la atmósfera horadando cada átomo de la materia, cualquier clase de materia, penetrándolo todo, todo siendo penetrado, acariciado, ajado, percibido, recuperado, deconstruido, reconstruido, resistido, derrotado, corregido, ignorado, ineludible.

 

 

Así es que entonces,

Imagino y te pido

que rasgues con tenedores mi firmamento,  que extirpes de mí toda culpa, toda torcedura, que desgarres toda mansedumbre clavada como holograma a los bordes de mi cintura,

para que en mí solo habite la amorosa maldad, explote todo el oxígeno de la atmósfera y nadie quede vivo. Nadie.

Y así, yo pueda mirar mi crimen, que no es crimen; mi furia que no es furia;  sino este silencio absoluto aberrante en el que habita solo mi propio placer.

 

HAGASE EN SEGÚN TU PALABRA.

 

<!–[if gte mso 9]> Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 <![endif]–><!–[if gte mso 9]> <![endif]–> <!–[endif]–>

Mientras voy cerrando los ojos camino al trabajo,

el eco de mi voz me dice:

 

…HEME AQUÍ:

ESCLAVA,

QUE SE HAGA EN MÍ!

 

Mientras el motor de la micro tiembla, yo voy queriendo que su verbo se haga carne, que sea carne de mi carne.

 

Me convenzo: así lo quiero, pues en mí habitan todos los mundos posibles; todos los roces futuros; mis propios roces. Así como cuando sujeto con fuerza la gravedad de mi cartera; y con querer, rozo el pezón jirado por el placer del otro, el placer solitario, la recursividad del recuerdo de ambos.

 

Cada día, en el zumbido de mis tareas cotidianas, me voy olvidando de la cotidianeidad, me voy entregando con voracidad-ferocidad-ahínco a un tecleo inexacto. Como si fuera lápiz y papel.

Mientras escribo formularios y órdenes de compra, leo de soslayo la historia de Lui: mujer de nieve, que ha elegido una vida entusiasta abocada a la tarea obtusa de limpiar hasta la albura los kimonos de hombres anónimos,  de patriarcas amorosos y siniestros,  con la devoción que sólo puede existir los días de primavera: Cuando la luz se amplifica y los sentidos se saturan de la actualidad de la mirada. Del oído. Del olfato; restringiendo la contingencia a la Necesidad de la Devoción.

 

 

La devoción

 

que es espejo de mi propia devoción

y que continúa creciendo en los movimientos

como si fuera disciplina del alma, de los músculos, de los nervios,

evitándome incluso el  dolor físico

de la parálisis.

 

Así mismo es cómo  he buscado tu caricia, que sé que es idéntica a la mía, a la que espero de mí.

 

Así mismo,  es cómo me imagino como un listón

y sé que no es necesario que me toques para que me toques;

que a cada paso la vida es un gemido de sensualidad si lo quiero,

de maldad sin culpa, de asesinato sin crimen, de naturaleza malvada por el puro hecho de existir, por el puro hecho de mirarte de reojo o de frente cuando cruzo la habitación en la que está tu oficina…

 

…Con la misma lentitud que cruzo el cuarto, imagino que pongo mis manos en tu cadera, que es la cadera más perfecta; y busco cerca de tu cara un aroma tan violento como la violencia de tu boca; e imagino que te estrecho contra la pared, en contra de ella, para sentirte el dolor de la espalda y quitártelo de encima con la caricia de mi lengua.

Yo no puedo sino pensarte en mi placer, mi placer que no te necesita. Que me habita incluso cuando me aproximo hasta los baños públicos para ver en el espejo a las otras mujeres;  o cuando leo en silencio en la sala de lectura y adivino como el deseo de los otros se posa en mí.

 

Pero eso a mí no me importa,

porque no hay nada más placentero que el propio silencio,

la propia quietud, la inamovilidad del cuerpo, como exquisito cadáver,

como los ojos en banco.

No hay necesidad de sentirse el pezón debajo de la blusa, o rozarse con insistencia la punta de la vagina:

 

…El placer es este silencioso vaivén del útero meciéndose incluso cuando estoy quieta, sentada en la oficina, sentada en el metro, esperando la micro, estacionando el auto;

el vaivén que no es ni vaivén sino quieto placer irradiado por todo el cuerpo, como la atmósfera horadando cada átomo de la materia, cualquier clase de materia, penetrándolo todo, todo siendo penetrado, acariciado, ajado, percibido, recuperado, deconstruido, reconstruido, resistido, derrotado, corregido, ignorado, ineludible.

 

 

Así es que entonces,

Imagino y te pido

que rasgues con tenedores mi firmamento,  que extirpes de mí toda culpa, toda torcedura, que desgarres toda mansedumbre clavada como holograma a los bordes de mi cintura,

para que en mí solo habite la amorosa maldad, explote todo el oxígeno de la atmósfera y nadie quede vivo. Nadie.

Y así, yo pueda mirar mi crimen, que no es crimen; mi furia que no es furia;  sino este silencio absoluto aberrante en el que habita solo mi propio placer.

 

HAGASE EN SEGÚN TU PALABRA.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: